La historia habla de un pollino que vivía en las afueras de Jerusalén en los tiempos en qué Jesús vivió en este mundo. Un domingo en que el sol brillaba radiante y el día invitaba a dar un paseo, el pollino salió de la casa sin informar a su madre a dónde iba. Después de todo, no planeaba ir muy lejos. Pero, sin proponérselo, había llegado hasta las inmediaciones de la ciudad, y de hecho, al llegar se dio cuenta de que algo extraordinario estaba por ocurrir, pues las personas iban y venían con mucha expectación. De repente, un grupo de hombres agarraron el pollino y la única explicación que le dieron fue que el maestro lo necesita. Asombrado y asustado, el pollino fue con ellos y poco tiempo después estaban entrando en la ciudad, con un hombre sobre sus hombros y en medio de una algarabía que nunca había vivido y que no podía entender. La gente lo miraba, unos aplaudían, otros tomaron palmas de victoria y las agitaban mientras él pasaba. Muchos de ellos ponían sus mantos sobre el camino por dónde iba a pasar y gritaban: "Hosanna, Hosanna, bendito el que viene en el nombre de nuestro Dios".
Aquello fue increíble, inolvidable. Cuando hubo terminado, el pollino quedó libre para regresar. Entonces recordó que había pasado la mayor parte del día fuera de su casa y seguramente su madre ya estaría preocupada. Aún así, iba feliz, lleno de alegría, saltaba, rebuznaba y se moría por llegar a su casa para contar a su familia cómo, de la noche a la mañana, se había convertido en toda una celebridad en Jerusalén. En efecto, cuando el pollino llegó a casa, encontró a su madre muy preocupada y un poco molesta por haberse marchado sin avisar. Por eso mismo no tardó en regañarle:
"Pollino irresponsable y desobediente, mereces un gran castigo. Me has llenado de preocupación yéndote quién sabe en dónde y, peor aún, no has cumplido hoy con tus deberes en la casa".
El pollino, ya acostumbrado a los vítores y elogios de la multitud, no podía entender que alguien lo tratará de esa manera. Así que le dijo a su mamá:
"Un momento porque me hablas así? Es que no sabes quién soy, es que no te has enterado de que merezco el mejor de los tratos".
Y la mamá sorprendida contesto:
"Cómo te atreves a responderme así, desobediente? Será mejor que te pongas de una vez a lavar los platos qué te esperan en la cocina".
Entonces el pollino, levantando aun más la cabeza, le replicó:
"No mama, no voy a lavar platos, nunca más lo haré, porque soy un rey".
La madre no entendía nada y pensaba que era otra de las travesuras del pollino. Pero el explicó:
"Mama, escucha. Fui a la ciudad y toda la gente se reunió en la entrada para darme la bienvenida, me aplaudían, me alababan y ponían sus mantos y palmas de victoria por donde yo caminaba. Soy famoso mamá! En Jerusalén me conoce todo el mundo, soy muy famoso".
Entonces la madre sí que se preocupó y le dijo:
"Pero que dices! Te has vuelto loco? De dónde sacas eso?"
Pero él insistía y la animaba para que fueran juntos a Jerusalén y viera por ella misma como lo recibirían allí. Después de tratar de disuadirlo, a la madre no le quedó más remedio que contárselo todo al padre del pollino e ir con él hasta la entrada de la ciudad a presenciar el recibimiento que según su hijo le darían.
Pero esta vez, mientras el pollino caminaba, sonría y miraba a todos lados, nadie lo saludo, nadie parecía conocerlo y, peor aún, algunos lo empujaron para que saliera del medio del camino. El pollino no entendía nada, estaba asombrado, frustrado y triste. Les decía:
"Soy yo. No me recuerdan? Recuerden, ayer estuve aquí mismo. No se acuerdan? Soy el de los aplausos....
Pero no pasó nada. Sus padres lo vieron y oyeron todo y también vieron cómo afectaba a su triste hijo. Al verlo así, los padres averiguaron qué había pasado el día anterior preguntando a los transeúntes. Les contaron que un hombre llamado Jesús había hecho su entrada a la ciudad y todos vinieron a recibirlo y adorarlo en medio de una gran celebración. Les hicieron un relato semejante al que, en casa les había contado el pollino. También le dijeron que Jesús había hecho su entrada a la ciudad montado en un pollino que habían encontrado. Entonces los padres del pollino lo entendieron todo. Su pobre hijo se había confundido creyendo que los aplausos y los vítores eran para él, sin saber que se los ofrecían a quien iba sobre sus lomos.
Sobran las explicaciones.....











